Las dos únicas experiencias con profesores que he tenido han sido mis dos periodos de prácticas mientras estudiaba Educación Infantil. Por ello dedicaré este espacio a hablar sobre ellos.
El primer periodo fue en segundo curso de carrera. Lo hice en una Escuela Infantil, en la clase de 1-2. Tuve una tutora maravillosa que me enseñó muchísimo. Para mí las prácticas de segundo curso fueron fundamentales para convencerme de dos cosas: la primera, que ser maestra de educación infantil es algo vocacional, que debe hacerse con la máxima ilusión, que nunca puede perderse el optimismo y que uno debe rendir cada día al 100%, la segunda cosa de la que me convencí es de que quería ser maestra de Educación Infantil. Es cierto que muchos de mis compañeros ya trabajaban como educadores y ya conocían el trabajo del aula, pero no es mi caso y para mí fue muy importante realizar este periodo de prácticas.
Por otro lado durante mi estancia en el centro sentí que me faltaba base teórica. Me alegré mucho de que aún me faltase un curso entero para completar los conocimientos que tenía. En este sentido veo como una gran ventaja comenzar las prácticas en 2º curso de la diplomatura. Los periodos de prácticas son fundamentales para dar sentido a la teoría que estudiamos.
Segundo periodo, otra historia. Las prácticas que hice en el tercer curso de carrera no fueron tan fructíferas como las de segundo. La verdad es que al principio me desmoralicé. No me gustaba nada el planteamiento metodológico del aula, el trato hacia los niños ni la poca iniciativa de mi tutora.
Durante este tiempo vi como las maestras pasaban la mayor parte del tiempo vigilando literalmente que los niños no hablasen y se mantuvieran sentados trabajando. Ví como alargaban el tiempo de patio para hablar sobre sus cosas. Vi maestras haciendo los trabajos de los niños mientras ellos veían la televisión, callados, por supuesto. Muchas de las maestras de infantil utilizaban un silbato dentro del aula para conseguir que los niños se callasen y les escucharan. No entiendo como esto se puede permitir.
Adquirí cierto complejo de policía y me embargó la sensación de que no eran necesarios 3 años de carrera universitaria para mandar hacer fichas. Perdí por primera vez un poco de la ilusión acumulada a lo largo de mi vida. Llegué a aburrirme mucho en el aula (algo que parece complicado con 25 niños alrededor) y en una conversación con la maestra me dijo que ella también se aburría.
Pronto comencé a buscar el lado positivo de mi mala elección del centro. Al menos he aprendido lo que no quiero, lo que no me gusta y no solo porque la lógica y la teoría me lo griten, si no porque lo he experimentado. Al fin y al cabo así es como se adquieren los conocimientos, experimentando.