Me llamo Cristina Gaona Pérez y tengo 24 años. Me encantaría poder decir que desde chiquitita quería ser maestra, pero no es verdad. Lo que sí es cierto es que cuando era pequeña jugaba mucho a “los coles”, me encantaba sentar a mis primos pequeños y enseñarles las cosas que yo había aprendido. Sabía que me encantaba ese juego, pero nunca llegué a imaginar que podría dedicarme a ello profesionalmente. Un poquito más mayor inventé una escuela móvil. Esto se traduce en que mientras el autobús escolar nos llevaba a casa, durante el trayecto, me dedicaba a "enseñar" algunas de las cosas que a mí me habían explicado. Repartía pequeños papelitos con algunas preguntas entre mis “alumnos” y al día siguiente las recogía y corregía.
Con recién cumplidos 12 años mi vecina me propuso cuidar de sus hijas los viernes por la noche. La niña mayor tenía sólo dos años y la pequeña acababa de cumplir los 9 meses. Poco a poco fui ampliando mi horario “laboral”. Con 16 años cuidaba a los niños de 8 familias distintas y organizaba escuelas de verano, Semana Santa y Navidad. Decidí que no quería estudiar más. Pensaba que podría llegar a vivir de eso. Fui inteligentemente obligada a cursar bachillerato, y por pura inercia después me matriculé en Trabajo Social. Una vez allí decidí, sin mucha conciencia, que trabajaría en centros de menores. En segundo curso ya sabía que no “valía” para desempeñar ese trabajo. Se necesita una fuerza psicológica que no tengo. Ese mismo año me quedé embarazada. Entonces tuve que replantearme mi vida entera y organizar mentalmente que quería llegar a ser en realidad. Entonces me di cuenta de que mi verdadera vocación siempre había estado ahí, aunque no hubiera sido capaz de verlo. Quería aprender a educar. Primero a mi hija, y después a todos los niños que pudiera. Dejé la carrera que estaba haciendo y pasé todo el embarazo leyendo libros sobre educación que explicaban, fundamentaban, ampliaban y avalaban lo que yo llevaba a cabo con los niños que cuidaba. Así que me matriculé en magisterio de infantil, teniendo muy presente que “un profesor no es un científico que enseña, es una persona práctica que sabe algo de teoría y ha de tener cultura y unas habilidades mucho más amplias que un profesor universitario” (Metodologías y habilidades docentes). Empecé el curso al mismo tiempo que nacía mi hija. Una modalidad semipresencial que me permitía conciliar ambas cosas.
Cuanto más estudiaba y más experiencias vivía con mi pequeña más segura estaba de mi decisión. Luego vinieron los periodos de prácticas. En el primero aprendí cómo me gustaría ser cuando trabajara como maestra, en el segundo aprendí todo lo que no me gustaría. Y con ambos reafirmé que esto es lo que quiero hacer el resto de mi vida. Terminé la carrera y comencé a buscar trabajo, no lo encontré ni en escuelas infantiles ni en colegios. En demasiadas entrevistas escuché eso de: Ay, si tuvieras ingles… Y por eso estoy aquí. Para no volver a escucharlo y conseguir una oportunidad para hacer lo que más me gusta en el mundo: guiar a los más pequeños en la aventura del aprendizaje. No sé si será en inglés o castellano, en primer ciclo o en primaria (aunque me da un poco de susto) pero sé que esto es lo que quiero. Carneiro nos dice “las escuelas, los sistemas educativos, no son más que embarcaciones donde los navegantes por el mundo del saber -alumnos y educadores- buscan sentido y significación a sus aprendizajes. Son viajes extraordinarios hechos de sueños, proyectos de vida, grandezas, desilusiones y complicidades” y yo quiero formar parte de ello.
ÍNDICE
12 de enero de 2012
11 de enero de 2012
2. ¿A DÓNDE VOY?
Principalmente y por encima de todo voy con mucha ilusión. Tengo muchísimas ganas de empezar a trabajar, sin dejar a un lado mis estudios, ya que creo firmemente en la continua formación. ¡Hay tantas cosas que tengo que aprender! Por otro lado me surgen dudas que creo que son normales: ¿Lo haré bien?, ¿Estaré a la altura?, ¿Seré una buena maestra? Pero como ya he escrito creo que son los interrogantes lógicos que se plantea cualquier persona. Confío mucho en el valor de la experiencia pero no en el estado acomodado al que llegan algunas personas que creen que ya han visto y oído todo lo que se puede ver y oír. Espero autoevaluarme cada día para poder seguir mejorando.
A mi parecer hablamos de la profesión más importante del mundo, ya que se deja en sus manos la educación de quienes, en el futuro, construirán nuestras casas, diseñarán nuestra ropa, cultivarán nuestra comida y hasta presidirán nuestro país.
Yo quiero ser buena maestra, de esas que se recuerdan toda la vida y siempre se echan de menos. Para conseguirlo creo que tengo que tengo que tener todo esto:
Entusiasmo: El maestro ha de desear hacer lo que hace y además desear hacerlo bien. Si esto ocurre será un maestro alegre.
Confianza en sí mismo: Para que los demás puedan confiar en él tiene que mostrarse seguro de sí mismo. A veces la falta de formación provoca inseguridad.
Serenidad y autocontrol: El maestro nunca puede verse superado por la situación. Incluso en los momentos de mayor tensión ha de mantener la calma.
Paciencia: Comprender que cada alumno aprende a un ritmo distinto, y si alguno tarda más o no lo consigue cuando nosotros queremos, no debe convertirse en frustración.
Equilibrio emocional: Se define como la acción de regular la manifestación de una emoción y/o modificar un estado anímico y su exteriorización. Fundamental para un maestro.
Capacidad de comprensión: Un maestro ha de tener la capacidad de ponerse en el lugar del otro para entender sus inquietudes y así poder prestarle ayuda. Es decir, un maestro ha de poseer empatía.
Capacidad de iniciativa: Debe tener capacidad de emprender proyectos, determinación para realizar actividades, es decir, capacidad para generar movimiento. Es muy importante ya que es el responsable de conducir a los alumnos.
Inteligencia despierta: Ha de ser una persona activa que capte lo que ocurra a su alrededor. Cualquier detalle puede dar lugar a una buena idea.
Realismo: Tiene que poder apreciar la realidad con objetividad para poder poner solución a los problemas y percibir los logros.
Perseverancia y tenacidad: Un maestro no puede rendirse aunque no todo salga bien en el primer intento, Ya hemos hablamos del ritmo individual de aprendizaje. Si el maestro se desmotiva sus alumnos también lo harán.
Espíritu reflexivo: El maestro no puede ser alguien impulsivo que habla y actúa antes de pensar, ya que puede cometer errores difíciles de subsanar.
Creatividad e imaginación: Creo que la creatividad esta bastante relacionada con la capacidad de iniciativa. El maestro debe desarrollar su parte artística para ayudar a los niños a que desarrollen la suya.
Capacidad analítica: El maestro tiene que poder analizar las distintas situaciones que se le presenten de una forma fría. Tiene también que ser consciente de lo que está haciendo en cada momento.
Tolerancia a la frustración: No puede hundirse ante los desaciertos, debe afrontarlos con actitud positiva, de manera que pueda corregir lo necesario para obtener mejores resultados.
Control de las emociones: Muy ligado al equilibrio emocional. Los demás no deben percibir que algo lo desequilibra.
Simpático: Un carácter arisco dificultaría muchísimo su labor. Los alumnos deben recibir “buenas vibraciones” de su maestro.
Capacidad de comunicación: Para todo lo relativo a la docencia es fundamental saber transmitir un mensaje de forma clara y fácil de comprender.
Confianza en el grupo: Se ha comprobado que cuanto mejores son las expectativas sobre un grupo, mejores son sus resultados. Es el llamado efecto Pigmalión.
Espíritu democrático: Contrasta con la antigua concepción del maestro como máxima y única autoridad, con esa concepción de que solo lo que él dice es correcto. En la actualidad intentamos que se produzca un aprendizaje mutuo. Por ello debe existir un espíritu democrático, debemos escuchar las opiniones de los alumnos sin menospreciarlas, y con eso no basta. Tenemos que tenerlas en cuenta a la hora de tomar decisiones. El beneficio será mutuo.
Flexibilidad: El maestro ha de ser capaz de acomodarse ante cualquier imprevisto, debe adaptarse a las situaciones según se vayan planteando.
Sociabilidad y compromiso social: Establece vínculos con los padres de los estudiantes y la comunidad, para construir experiencias educativas pertinentes a los estudiantes. Además debe ser consciente de la realidad social que lo rodea y sentirse implicado en su mejoría.
Por supuesto... ¡quiero también ser competente! Y para conseguirlo considero necesario:
Tener una sólida formación: El maestro ha de poseer gran cantidad de conocimientos, pero no solo sobre lo que va a enseñar sino sobre como ha de hacerlo. Debe ser capaz de reconocer cómo aprende cada uno de sus alumnos para realizar una enseñanza individualizada. Es una realidad que vivimos en la era de las nuevas tecnologías; consideramos importante que el maestro tenga cierta formación sobre ellas para poder aplicarlas en el aula. Cuando hablamos de la seguridad en sí mismo, ya mencionamos que la mejor manera de lograrla era la formación, ya que un maestro con recursos se sentirá mucho más convencido de sus posibilidades. Cabe destacar que la formación del maestro es continua en cuanto a que a diario pone en práctica sus conocimientos pudiendo comprobar de qué manera obtiene los mejores resultados. Es importante también que mantenga actualizados sus conocimientos, ya que la educación va cambiando a medida que la sociedad avanza. Por ejemplo: A un docente de hace 50 años no se le habría ocurrido mencionar el sexo en el aula, sin embargo hoy en día más del 93% de todas las escuelas públicas ofrecen cursos sobre la sexualidad.
Capacidad de organización y de planificación: Teniendo en cuenta que en todos los centros existe la programación general anual (PGA) y que a su vez cada maestro deberá realizar la programación del aula, parece evidente que ha de ser capaz de organizar y planificar el tiempo y los recursos de los que dispone para, como mínimo, lograr los objetivos definidos en el proyecto curricular de etapa (PCE) (que, por cierto, también deberá realizar el profesorado).
Facilitador del aprendizaje: Otra función del maestro es adaptar los conocimientos a la manera de aprender de los niños. No debe crear en los alumnos la sensación de que el aprendizaje está lejos de ellos, de que lo difícil es inasequible. Es importantísima la motivación, ya que sin ella el aprendizaje se vuelve arduo. Debe planteárselo como algo divertido y que aunque suponga esfuerzo la recompensa es gratificante. Una de las maneras para lograrlo es hacer que el niño se de cuenta de lo que ha aprendido.
Capacidad de investigación: Una vía estratégica de resolver los problemas de calidad de la educación es la actividad investigativa, porque se da solución inmediata a los problemas que se manifiestan en la formación de los estudiantes. García Inza (1991) concibe al maestro investigador como "aquel que posee la base del conocimiento del método científico, lo aplica en su labor pedagógica cotidiana y logra que el alumno se apropie de ella al instrumentar el proceso de enseñanza aprendizaje sobre bases más científicas". Otros muchos autores, en las diferentes propuestas que hacen expresan una lógica del "saber investigar"
Evaluador: Una de las partes fundamentales del proceso de enseñanza-aprendizaje es comprobar si éste se ha producido correctamente, es decir, si el alumno ha asimilado los conocimientos que nos habíamos propuesto que asimilara. Será el docente quien elabora los instrumentos de medida (exámenes, mapas conceptuales, etc.). Pero, además de evaluar a los niños, el maestro ha de ser crítico consigo mismo y evaluarse y/o dejar que le evalúen, ya que es la mejor vía para perfeccionarse como profesor.
Orientador: La escuela no es solo un lugar donde se adquieren aprendizajes conceptuales, sino que sirve también para adquirir aprendizajes relacionados con la conducta social, aprendizajes afectivos y actitudinales.
Responsable: Debe ser consciente de que educa a personas y por lo tanto mantener una actitud positiva hacia el cumplimiento de sus funciones. Deberá preparar bien sus clases y hacer de ellas una actividad estimulante y productiva, cumplir con las normas de puntualidad y emplear estrategias de enseñanza-aprendizaje apropiadas a los objetivos propuestos.
A mi parecer hablamos de la profesión más importante del mundo, ya que se deja en sus manos la educación de quienes, en el futuro, construirán nuestras casas, diseñarán nuestra ropa, cultivarán nuestra comida y hasta presidirán nuestro país.
Yo quiero ser buena maestra, de esas que se recuerdan toda la vida y siempre se echan de menos. Para conseguirlo creo que tengo que tengo que tener todo esto:
Entusiasmo: El maestro ha de desear hacer lo que hace y además desear hacerlo bien. Si esto ocurre será un maestro alegre.
Confianza en sí mismo: Para que los demás puedan confiar en él tiene que mostrarse seguro de sí mismo. A veces la falta de formación provoca inseguridad.
Serenidad y autocontrol: El maestro nunca puede verse superado por la situación. Incluso en los momentos de mayor tensión ha de mantener la calma.
Paciencia: Comprender que cada alumno aprende a un ritmo distinto, y si alguno tarda más o no lo consigue cuando nosotros queremos, no debe convertirse en frustración.
Equilibrio emocional: Se define como la acción de regular la manifestación de una emoción y/o modificar un estado anímico y su exteriorización. Fundamental para un maestro.
Capacidad de comprensión: Un maestro ha de tener la capacidad de ponerse en el lugar del otro para entender sus inquietudes y así poder prestarle ayuda. Es decir, un maestro ha de poseer empatía.
Capacidad de iniciativa: Debe tener capacidad de emprender proyectos, determinación para realizar actividades, es decir, capacidad para generar movimiento. Es muy importante ya que es el responsable de conducir a los alumnos.
Inteligencia despierta: Ha de ser una persona activa que capte lo que ocurra a su alrededor. Cualquier detalle puede dar lugar a una buena idea.
Realismo: Tiene que poder apreciar la realidad con objetividad para poder poner solución a los problemas y percibir los logros.
Perseverancia y tenacidad: Un maestro no puede rendirse aunque no todo salga bien en el primer intento, Ya hemos hablamos del ritmo individual de aprendizaje. Si el maestro se desmotiva sus alumnos también lo harán.
Espíritu reflexivo: El maestro no puede ser alguien impulsivo que habla y actúa antes de pensar, ya que puede cometer errores difíciles de subsanar.
Creatividad e imaginación: Creo que la creatividad esta bastante relacionada con la capacidad de iniciativa. El maestro debe desarrollar su parte artística para ayudar a los niños a que desarrollen la suya.
Capacidad analítica: El maestro tiene que poder analizar las distintas situaciones que se le presenten de una forma fría. Tiene también que ser consciente de lo que está haciendo en cada momento.
Tolerancia a la frustración: No puede hundirse ante los desaciertos, debe afrontarlos con actitud positiva, de manera que pueda corregir lo necesario para obtener mejores resultados.
Control de las emociones: Muy ligado al equilibrio emocional. Los demás no deben percibir que algo lo desequilibra.
Simpático: Un carácter arisco dificultaría muchísimo su labor. Los alumnos deben recibir “buenas vibraciones” de su maestro.
Capacidad de comunicación: Para todo lo relativo a la docencia es fundamental saber transmitir un mensaje de forma clara y fácil de comprender.
Confianza en el grupo: Se ha comprobado que cuanto mejores son las expectativas sobre un grupo, mejores son sus resultados. Es el llamado efecto Pigmalión.
Espíritu democrático: Contrasta con la antigua concepción del maestro como máxima y única autoridad, con esa concepción de que solo lo que él dice es correcto. En la actualidad intentamos que se produzca un aprendizaje mutuo. Por ello debe existir un espíritu democrático, debemos escuchar las opiniones de los alumnos sin menospreciarlas, y con eso no basta. Tenemos que tenerlas en cuenta a la hora de tomar decisiones. El beneficio será mutuo.
Flexibilidad: El maestro ha de ser capaz de acomodarse ante cualquier imprevisto, debe adaptarse a las situaciones según se vayan planteando.
Sociabilidad y compromiso social: Establece vínculos con los padres de los estudiantes y la comunidad, para construir experiencias educativas pertinentes a los estudiantes. Además debe ser consciente de la realidad social que lo rodea y sentirse implicado en su mejoría.
Por supuesto... ¡quiero también ser competente! Y para conseguirlo considero necesario:
Tener una sólida formación: El maestro ha de poseer gran cantidad de conocimientos, pero no solo sobre lo que va a enseñar sino sobre como ha de hacerlo. Debe ser capaz de reconocer cómo aprende cada uno de sus alumnos para realizar una enseñanza individualizada. Es una realidad que vivimos en la era de las nuevas tecnologías; consideramos importante que el maestro tenga cierta formación sobre ellas para poder aplicarlas en el aula. Cuando hablamos de la seguridad en sí mismo, ya mencionamos que la mejor manera de lograrla era la formación, ya que un maestro con recursos se sentirá mucho más convencido de sus posibilidades. Cabe destacar que la formación del maestro es continua en cuanto a que a diario pone en práctica sus conocimientos pudiendo comprobar de qué manera obtiene los mejores resultados. Es importante también que mantenga actualizados sus conocimientos, ya que la educación va cambiando a medida que la sociedad avanza. Por ejemplo: A un docente de hace 50 años no se le habría ocurrido mencionar el sexo en el aula, sin embargo hoy en día más del 93% de todas las escuelas públicas ofrecen cursos sobre la sexualidad.
Capacidad de organización y de planificación: Teniendo en cuenta que en todos los centros existe la programación general anual (PGA) y que a su vez cada maestro deberá realizar la programación del aula, parece evidente que ha de ser capaz de organizar y planificar el tiempo y los recursos de los que dispone para, como mínimo, lograr los objetivos definidos en el proyecto curricular de etapa (PCE) (que, por cierto, también deberá realizar el profesorado).
Facilitador del aprendizaje: Otra función del maestro es adaptar los conocimientos a la manera de aprender de los niños. No debe crear en los alumnos la sensación de que el aprendizaje está lejos de ellos, de que lo difícil es inasequible. Es importantísima la motivación, ya que sin ella el aprendizaje se vuelve arduo. Debe planteárselo como algo divertido y que aunque suponga esfuerzo la recompensa es gratificante. Una de las maneras para lograrlo es hacer que el niño se de cuenta de lo que ha aprendido.
Capacidad de investigación: Una vía estratégica de resolver los problemas de calidad de la educación es la actividad investigativa, porque se da solución inmediata a los problemas que se manifiestan en la formación de los estudiantes. García Inza (1991) concibe al maestro investigador como "aquel que posee la base del conocimiento del método científico, lo aplica en su labor pedagógica cotidiana y logra que el alumno se apropie de ella al instrumentar el proceso de enseñanza aprendizaje sobre bases más científicas". Otros muchos autores, en las diferentes propuestas que hacen expresan una lógica del "saber investigar"
Evaluador: Una de las partes fundamentales del proceso de enseñanza-aprendizaje es comprobar si éste se ha producido correctamente, es decir, si el alumno ha asimilado los conocimientos que nos habíamos propuesto que asimilara. Será el docente quien elabora los instrumentos de medida (exámenes, mapas conceptuales, etc.). Pero, además de evaluar a los niños, el maestro ha de ser crítico consigo mismo y evaluarse y/o dejar que le evalúen, ya que es la mejor vía para perfeccionarse como profesor.
Orientador: La escuela no es solo un lugar donde se adquieren aprendizajes conceptuales, sino que sirve también para adquirir aprendizajes relacionados con la conducta social, aprendizajes afectivos y actitudinales.
Responsable: Debe ser consciente de que educa a personas y por lo tanto mantener una actitud positiva hacia el cumplimiento de sus funciones. Deberá preparar bien sus clases y hacer de ellas una actividad estimulante y productiva, cumplir con las normas de puntualidad y emplear estrategias de enseñanza-aprendizaje apropiadas a los objetivos propuestos.
10 de enero de 2012
3. ¿DÓNDE ESTOY?
A nivel docente no estoy en ningún sitio y estoy en todas partes. No tengo una clase llena de niños que me esperen cada mañana pero...
Lo cierto es que doy "clases particulares" a una pequeñaja de cuatro años las veinticuatro horas del día. Desde que se despierta hasta que se acuesta trato de inculcarle los valores que quiero que tenga cuando sea mayor, para ello me esfuerzo por ser el mejor ejemplo del mundo (aunque no lo consigo casi nunca), intento que desarrolle resistencia a la frustración, que tan importante me parece, que se eduque en el respeto, en la responsabilidad y fomentar cada día más ese deseo de aprender con el que nació. Procuro también que se sienta la princesa más querida del planeta, para que tenga confianza en sí misma y en sus infinitas posibilidades. Trato de que aprenda que sus actos tienen consecuencias, pero también que equivocarse es un derecho. Me planteo cada día si lo estoy haciendo bien, dejo que sus actos me evalúen y muchas veces me ha hecho darme cuenta de que me estaba equivocando. Entonces vuelvo a sentarme conmigo misma y mis libros y establezco nuevas "pautas de actuacion". A veces se me olvida la teoría y se me nubla el sentido común, entonces me doy un paseo y vuelta a empezar.
Mi mejor alumna, la única y mi mejor maestra es mi hija Ariadna.
Lo cierto es que doy "clases particulares" a una pequeñaja de cuatro años las veinticuatro horas del día. Desde que se despierta hasta que se acuesta trato de inculcarle los valores que quiero que tenga cuando sea mayor, para ello me esfuerzo por ser el mejor ejemplo del mundo (aunque no lo consigo casi nunca), intento que desarrolle resistencia a la frustración, que tan importante me parece, que se eduque en el respeto, en la responsabilidad y fomentar cada día más ese deseo de aprender con el que nació. Procuro también que se sienta la princesa más querida del planeta, para que tenga confianza en sí misma y en sus infinitas posibilidades. Trato de que aprenda que sus actos tienen consecuencias, pero también que equivocarse es un derecho. Me planteo cada día si lo estoy haciendo bien, dejo que sus actos me evalúen y muchas veces me ha hecho darme cuenta de que me estaba equivocando. Entonces vuelvo a sentarme conmigo misma y mis libros y establezco nuevas "pautas de actuacion". A veces se me olvida la teoría y se me nubla el sentido común, entonces me doy un paseo y vuelta a empezar.
Mi mejor alumna, la única y mi mejor maestra es mi hija Ariadna.
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